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Decía Diego: “No puedes culpar al ídolo porque haga ciertas cosas. Los padres, en las casas; ellos son los verdaderos ídolos, los que le sacan la vida adelante a uno”. Maradona respondía así en rueda de prensa, recién llegado al aeropuerto de Madrid-Barajas.
Retraigámonos un poco más en el tiempo:
Un padre recibe por televisión la noticia del suicidio de Kurt Cobain, es 1994. Recuerda que el último disco que le pidió su hijo de tan sólo 15 años fue Never Mind, de Nirvana. “El mismo grupo de música en el que cantaba este tipo que se ha volado la cabeza con una Magnum” –piensa para sí-.
Inmediatamente sube a la habitación de su hijo y le dice: “no quiero volver a verte con esa guitarra”.
¿Disuelto el binomio Drogas y Rock and Roll?
Se puede culpar a la guitarra de la heroina, se puede culpar al Chill del LSD; y se puede culpar a los libros de caballerías de la paranoia. Pero, ¿aún cree alguien que Don Quijote se volvió loco por leer cuentos de caballeros? La influencia de estas drogas no es la única causa, como podrá confirmar cualquiera adicto que se haya decidido a dar el paso para la desintoxicación de hachís, heroína o cualquier otra sustancia.
La musica, la literatura, el arte se alimenta de la vida. Para crear sólo hace falta una cosa: sentir. Y a sentir algo nos puede enseñar una droga, o quizá, también una condena en la cárcel (así Cervantes o Dostoievski), o a lo mejor un desamor. ¿No serán las musas adictas al amor, o por amor estarán cumpliendo condena?
Decía Mick Jagger que las drogas habían terminado desbancando de su lugar al pretérito ‘sexo’ en la leyenda “sexo, drogas y rock ´n roll”, de manera que ahora rezaba: “drogas, sexo y rock ´n roll”. Jagger denunciaba así su correcto orden de importancia en el panorama de la música actual.
Convertido en pareja, drogas y rock and roll se han ido repartiendo a partes iguales escenarios y camerinos; dejando caer rabias en los micros y polvos clandestinos en los backstages, como no ha mucho tiempo que había gigantes cual molinos en los campos de Castilla.
Hasta tal punto uno, que puede identificar enseguida cada década con un estilo musical concreto, si lo piensa un segundo más, sólo un segundo, también puede identificar todo ello con una droga concreta, como si se estuviese mostrando un tótem siniestro: los 70 fueron para el rock, pero también para la cocaína; los 80 son el pop, y también la heroina; los 90 para la música electrónica, además del éxtasis. Sin olvidar al incombustible "chocolate", que se permanece como droga de iniciación desde hace décadas, como atestiguan un buen número de consumidores, que han pasado por tratamientos de desintoxicación de hachís o cualquier otra sustancia, a la que se hayan enganchado posteriormente.
Cocaina, heroina, alcohol, anfetaminas. Las drogas en el mundo de la música
Atendamos a los nombres más célebres que uno y otro bando de este emparejamiento perverso pusieron en liza del destino. Prevenidos de cazas de brujas y aventuras malditas, contemos simplemente esta historia:
ELVIS Y LAS ANFETAMINAS
El chico pobre del sur de EEUU, Elvis Aaron Presley, se ganó la vida como acomodador de cine, camionero, segador de césped… También educó la voz en el coro de una iglesia baptista, se dejó tupé y patillas, y se convirtió en ‘el rey del rock’.
La caída de uno de los grandes mitos del siglo XX fue estrepitosa. ‘La pelvis’ (como también le llamaron por si característica forma de bailar) pesaba 130 kilos cuando encontraron su cadáver en una bañera de su mansión de Graceland. No fue el alcohol ni la heroína, una sobredosis de anfetaminas y barbitúricos con los que trataba de frenar su sobrepeso, le provocaron finalmente la muerte a los 42 años de edad, pese a que intento desintoxicarse en numerosas ocasiones.
JANIS JOPLIN Y LA HEROINA
La cantante blanca de blues y rock lucía gafas redondas, cara de niña y una potentísima voz que la llevó de viaje por el universo musical de los 60. Fue un escarpado paisaje para Janis Joplin, que entre otras cosas, descubrió la heroína. Dicen que ya había dejado de consumir heroína y estaba desintoxicándose cuando estaba grabando Pearl, su último disco, póstumo, porque Janis tomó un chute de heroína pura que acabó con su vida en 1970, antes aún de que hubiese terminado el disco.
JIM MORRISON Y EL ALCOHOL
Jim Morrison: cantante, poeta y adicto al alcohol. Fundó el grupo The Doors a mediados de los 60 y se convirtió en un icono de rebeldía y genio. Su imagen ha recorrido las rotativas de todo el mundo, pero siempre la de los primeros años. Morrison se fue desdibujando como la época que le tocó vivir.
Dicen que además de alcohol, probaba todas las drogas, con dos peculiaridades: detestaba la heroína y lo que le enganchó hasta matarle fue el alcohol.
En otra bañera, esta vez en París, murió ‘el rey lagarto’ a los 27 años. Su cuerpo se había hinchado por los efectos del alcohol que nunca logró dejar.
ANTONIO FLORES Y LOS BARBITURICOS
Una de las muertes más sentidas en nuestro país fue la de Antonio Flores, en mayo de 1995. Su madre, la inmortal Lola Flores, había fallecido dos semanas antes por un cáncer que arrastraba desde hacía muchos años. Parece que la fuerza de Lola era la del propio Antonio, en lucha contra las drogas desde que era un adolescente, porque cuando se marchó Lola, Antonio dejó de luchar.
Le encontraron en una cabaña del jardín, en la residencia familiar de los Flores, con una sobredosis de barbitúricos mezclados con alcohol. Dejaba una hija, Alba.
La droga que mató a James Dean
“Vive deprisa, muere joven y dejarás un bonito cadáver”, proclamaba James Dean con una ironía que tornó lúgubre cuando acabó predicando con el ejemplo. Un Porsche Spider rojo que acostumbraba a pasarse de revoluciones fue su tumba.
¿Cuán descabellado es decir que la velocidad fue la droga que mató a James Dean? Tuvo el accidente cuando se dirigía a una carrera automovilística. Es decir, en unos minutos iba a correr en un circuito, e iba corriendo de camino. Y eso no es todo, acababa de ser multado poco antes por velocidad indebida. Conozco a alguien que diría que esto sí es ansia de consumo.
Las drogas o la velocidad son, como otros, signos del comportamiento humano, de unas carencias, de unas debilidades, quizá de un espíritu aún por descubrir. ¿Detrás de qué corrían James, Kurt, Elvis, Antonio…? O más inquietante aún: ¿delante de qué?
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