Filosofía

Un tratamiento no debe de doler, su objetivo es curar. Un terapeuta no debe juzgar, su cometido es tratar. La adicción no es una enfermedad crónica, aunque haya definiciones que la incluyen como característica. La cronicidad refleja desconocimiento, pues cuanto más sabemos más curamos.

En el campo del tratamiento de la adicción, el sufrimiento y el dolor han sido considerados y muchos aún lo consideran un ‘componente terapéutico’. En algunos centros de tratamiento de las adicciones, el síndrome de abstinencia se trata sin medicación y aún cuando en otros centros se utilice alguna medicación, no se concede mucha importancia al mismo.

Sin embargo, los síntomas de este síndrome reflejan cambios neurofisiológicos que están ocurriendo en el cerebro para volver en la medida de lo posible al estado anterior al consumo. Es por ello que este primer reajuste neuronal es un determinante fundamental del resto de la evolución del tratamiento. Cuando estos cambios neurofisiológicos no ocurren adecuadamente, se acompañan de más dolor y sufrimiento. En este sentido es bien sabido que el sufrimiento intenso o constante, traumatiza, dificulta o daña la propia recuperación neurofisiológica además de atemorizar al paciente y alejarlo de los centros de tratamiento. La propia perspectiva de sufrimiento también lo aleja de la idea misma de dejar el consumo. Por ello un tratamiento adecuado del síndrome, sin sufrimiento, cumple dos cometidos esenciales, acerca al paciente a tratamiento y consigue una mejor evolución.

Así mismo, se ha juzgado y aún se juzga al adicto. En el caso del alcohol donde la sustancia es legal, se le acusa de debilidad moral y en el caso de las sustancias ilegales como la heroína o la cocaína, se le puede juzgar llevándole a la cárcel. Ese enjuiciamiento por estar haciendo algo malo o prohibido ha alcanzado y afectado incluso a los especialistas implicados en el tratamiento de la patología. Por ello, en cierta medida, se ha aceptado y utilizado el sufrimiento como componente terapéutico.

Todo este enjuiciamiento desaparecería si dispusiésemos de una medicación que sin sufrimiento alguno curase la adicción. Los pacientes la pedirían, los familiares también y los especialistas la prescribirían. En cierta medida, el enjuiciamiento es un resultado del fracaso terapéutico; se responsabiliza al paciente y se le juzga por la incapacidad del propio tratamiento de curar con éxito.

Afortunadamente, la ciencia avanza cada vez más rápidamente y los conocimientos y herramientas terapéuticas son cada vez mejores, menos dolorosos y más eficientes. Y nosotros desde Tavad queremos contribuir en la medida de nuestras posibilidades en este avance.