Adicción y Abstinencia de Heroína y Opioides

La heroína y otras sustancias como la morfina, el fentanilo, la oxicodona, la hidromorfona, la hidrocodona y la metadona, tienen un elevado potencial adictivo y de dependencia. Todas ellas, por lo general, se usan por vía oral, venosa, intramuscular, rectal y también se esnifan. Por piel con parches, se administra además el fentanilo y subcutáneamente se inyecta la heroína.

Todas estas sustancias tienen un efecto principal que es el alivio del dolor y además producen una mayor o menor sensación de bienestar y euforia, según la sustancia que se use, la dosis y la vía de administración. Algunas de ellas, como el fentanilo que es legal tiene un uso ilegal muy extendido ya que es de 50 a 100 veces más potente que la morfina y es más fácil y barata de obtener que la heroína.

Estas sustancias opioides se prescriben para tratar enfermedades como la adicción, en el caso de la metadona, y otras enfermedades que cursan con dolor, así como para procedimientos médicos como la cirugía. En estos casos pueden causar dependencia sin llegar a causar adicción. No obstante, estos opioides legales también tienen un mercado y un uso ilegal con fines recreativos y crean no solo dependencia sino también adicción. Otros opioides ilegales como la heroína se utilizan con fines recreativos.

Estas sustancias actúan en áreas del cerebro responsables de la recompensa, el nucleus accumbens, el área ventral tegmental y el ventral pallidum. Actúan también en áreas del condicionamiento y memoria, la amígdala, la corteza orbitofrontal media (atribución de importancia), el hipocampo, el estriado dorsal (para los hábitos). Areas del control ejecutivo, corteza prefrontal dorsolateral, corteza cingulada anterior, corteza frontal inferior y corteza orbitofrontal lateral. Y también en áreas relacionadas con la motivación, la corteza orbitofrontal media (atribución de importancia), corteza cingulada anterior ventral, el área ventral tegmental, el estriado dorsal y la corteza motora.

El consumo crónico de heroína, metadona, fentanilo y otros opioides, legales o ilegales, produce cambios celulares y neuronales que el organismo trata de contrarrestar para poder funcionar normalmente. Cuando se interrumpe este consumo se desencadena un síndrome de abstinencia que es en gran medida la actividad que el organismo ha estado utilizando para contrarrestar los efectos de estas sustancias.

El síndrome de abstinencia agudo comienza a las pocas horas del último consumo y puede durar hasta dos semanas. Los síntomas principales durante este período son lagrimeo, bostezos, piloerección, sudoración, temblores, dolores musculares, diarrea, febrícula, aumento de la tasa cardiaca y de la presión arterial, agitación e insomnio. Otros síntomas tales como depresión y sobre todo el ansia de consumo que también se desencadenan al inicio, pueden durar meses.

No obstante, este cuadro sintomático puede ser más complejo ya que la mayoría de los pacientes que consumen opioides, consumen también otras sustancias de las cuales también dependen, tales como cocaína, benzodiacepinas y alcohol.

Para paliar los diferentes síntomas del síndrome de abstinencia de los opioides se utiliza una amplia variedad de medicaciones. Algunas de ellas son el clonazepam y la trazodona para el insomnio, la loperamida para la diarrea, antiinflamatorios no esteroideos para los dolores musculares, la metoclopramida para las náuseas y vómitos, benzodiacepinas como el clorazepato para la ansiedad y agitación, además de la clonidina. También se utilizan agonistas completos, metadona, y parciales, buprenorfina, de los receptores opiáceos, para desintoxicar de otros opiáceos.