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Seis meses de cárcel por fumar marihuana en un avión

Singapur tiene una legislación muy dura en materia de drogasEl personal de Gulf Air denunció hace un mes a Ray Sebastian Lutzenkirchen, de 19 años, por fumar droga en el interior de un avión que volaba a Singapur. Tras el aterrizaje, fue arrestado por la policía singapurense y conducido a una comisaría donde se le incautaron 1,53 gramos de marihuana que guardaba en su equipaje.

Recientemente se ha conocido el fallo del juez: el joven turista ha sido condenado a seis meses de cárcel en aquel país por fumar marihuana en el avión.

La pasada semana otro ciudadano australiano fue ejecutado en Singapur tras ser condenado a muerte dos años antes por traficar con 396,2 gramos de heroína.

Son casos que recuerdan otras historias trágicas llevadas al cine. Por ejemplo, la oscarizada “El expreso de medianoche”, de Allan Parker, que describe con crudeza la condena que se cierne sobre un joven británico, apresado en el aeropuerto de Ankara (Turquía) cuando intentaba subir droga a un avión.

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3 comentarios

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  1. Lo que no se dice en la noticia es que al turista le pedían 4 años de cárcel, así que se puede dar con un canto en los dientes por los tres meses. Singapur es, aparte de un paraíso fiscal donde se blanquea con total impunidad el dinero negro proveniente del Triángulo de Oro, el país del mundo que más aplica la pena de muerte en relación con su población. No hace mucho que ahorcaron a un pobre desgraciado por un kilo de marihuana, pero jamás han ahorcado a un banquero por lavado de dinero.

  2. esta noticia es acojonante. no puedo creer que sigan pasando estas cosas y que por fumarse un porrito, coja la poli de uno de estos países tercermundistas que se pasan por el forro los derechos humanos y te metan en una cárcel a lo prisión turca con torturadores y demás.

  3. Criminalizar a la gente por consumir no es más que uno de los problemas de esta “Inquisición”. Es una lastima que por cosas tan normales como esa se meta en la carcel, multe o castigue, cuando no ha hecho nada malo.
    Quien no quiera fumar que no fume, pero que deje tranquilos a los que lo hacen, y por supuesto, viceversa.