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Consumo de drogas en el atletismo. Deportistas y ¿CAMPEONES? Hablemos de doping

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Hablar de atletas, éxito, récords y medallas es, en los últimos años, hablar de dopaje. Esta práctica entre los deportistas de élite se extiende hasta el punto de ser normalizada en las pistas, vestuarios y habitaciones de hoteles de paso. Los campeonatos mundiales de atletismo en Moscú 2013, ya han señalado a la velocista trinitaria Kelly-Ann Baptiste como involucrada en un caso de doping. La atleta, medalla de bronce en el Mundial de 2011, no podrá competir en la final de los 100 metros. El atletismo salpicado de escándalos suma y sigue. Pero, de verdad, ¿se necesitan drogas para ser un campeón?.

La atleta norteamericana Kelli White, quien fuera campeona del mundo de 100 y 200 metros llanos, y descrita como la reina de las pistas, se atrevió a ir más allá en sus declaraciones. White, acusada de haberse drogado para ganar, confesó que “ los atletas son castigados más duramente que quienes les suministran las drogas”. Su historia daba una vuelta de tuerca sacando a relucir los trapos sucios de la alta competición. La mujer más rápida del mundo en 2003, aseguró que doparse fue lo peor que hizo en su vida, yo no necesitaba el consumo de drogas para ser la mejor atleta, yo ya lo era antes de tomar nada.

Entonces, ¿por qué lo hizo?

El camino hacia el dopaje

White narró cómo después de pasarlo bastante mal con varias lesiones, contactó con Víctor Conté, dueño del laboratorio Balco, de quién dijo que fue el que le proporcionó preparados de droga como la eritropoyetina y hormonas del crecimiento para mejorar su rendimiento físico. La atleta arroja luz, desenmarañando las constituidas redes del doping, “No lo hice por dinero, ni por vanidad ya que llegué a pesar 10 kilos de más, yo era una buena atleta pero me convencieron de que lo que hacía no era suficiente para ganar”, refiriéndose a su entrenador Remy Korchemny, quien la puso en contacto con el laboratorio. La ex-campeona dio positivo en el control anti-doping. Devolvió las medallas y fue suspendida dos años. El problema del consumo de drogas, cuenta White, “es que el principal castigo cae sobre el atleta pero no sobre su contexto, que a veces lo presiona”. Además, añade, “ no quiero culpar a nadie, pero nos usan, tanto a mí como a otros atletas”.

Batiendo récords bajo los efectos del doping

En el sonado caso de Ben Johnson, aparece el mismo factor condicionante. El atleta competía por el oro en una de las finales más célebres de la historia del atletismo. Seúl 1988, duelo entre Johnson y Carl Lewis en los 100 metros lisos. Puro espectáculo y una victoria increíble que terminó siendo una farsa. Johnson fue descubierto tres días después. Los análisis hacían públicos que el canadiense había consumido stanozolol. Él mismo diría que era inocente acusando a su médico y entrenador de proporcionarle unas píldoras que no tenía ni idea de lo que llevaban. Finalmente, Johnson acabó reconociendo que fue consciente de sus actos, pero siguió admitiendo que creía que consumir esteroides formaba parte de las pistas. No sólo él, sino cinco atletas más, de aquella famosa final, fueron acusados de dopaje más tarde.

La cultura winner

En la élite de la competición nadie quiere jugar en inferiores condiciones, hacer trampas, “ no es tan malo”, doparse forma parte del juego. O ganas o ganas. Las declaraciones de Marion Jones, con tres oros ganados y devueltos en Sydney 2000 tras ser pillada por los controles, pone de relieve la figura del entrenador y el médico sin escrúpulos. La velocista, aseguró que se sintió “ muy presionada”. “ Si un entrenador te dice que tomes un suplemento nutricional que mejorará tu rendimiento, tú lo haces”. En España, el atleta Paquillo Fernandez, tres veces subcampeón mundial y medalla de plata en Atenas 2004, admitió que en el deporte “si no ganas no eres nadie, la sociedad no mira a quién no se sube a un podio”.

Es la cultura de los winners, una escalada hacia el podio con nefastas consecuencias para el organismo y el cuerpo del dopado. Anabolizantes, androsteneidona, Gonadotropina, Epo, se suman a los esteroides, ésta última variante de la testoterona. Drogas devastadoras a largo plazo y adictivas. Potencian el rendimiento y la masculinidad. Además de provocar daños hepáticos y problemas cardiovasculares.

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La atleta alemana, Heidi Krieger, terminó convirtiéndose en un hombre sorprendentemente. Se cambio de sexo y echó la culpa de su grave estado a los políticos y líderes deportivos de la extinta RDA, quiénes quisieron hacer de ella una victoria del régimen. Krieger, contó, que la destrozaron. Ahora, es un varón y se llama Andreas.

Cabe preguntarse, si después de esto, ¿son los controles antidoping las mejores medidas de prevención o debería cambiar la educación deportiva?

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