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Alucinógenos, ¿héroes o villanos?

Usos terapéuticos de los alucinógenos

Las drogas alucinógenas tienen mala reputación. Vinculadas a los movimientos sociales contraculturales de los años 60, se prohibió su uso legal en los EE. UU. en la década de 1970. Aunque de manera controvertida, hoy en día vuelven a ser actualidad, porque existe un interés renovado en los alucinógenos como opción de tratamiento para trastornos psiquiátricos, sobre todo para aquellos que son difíciles de tratar o son resistentes a las opciones de tratamiento actuales. De hecho, pueden ser fundamentales para frenar la actual epidemia de salud mental, proporcionando un alivio muy necesario.

Los alucinógenos, también conocidos como psicodélicos, son sustancias químicas que cambian la percepción de la realidad de una persona al crear alucinaciones: sonidos, imágenes y otras sensaciones que parecen reales pero no lo son. Se dividen en dos categorías principales: alucinógenos clásicos y drogas disociativas.

Los alucinógenos clásicos incluyen LSD, psilocibina, mescalina, DMT (comúnmente conocida como ayahuasca) y 25I-NBOMe. Estos se denominan alucinógenos clásicos porque entre sus muchos efectos destacan las alucinaciones.

Los alucinógenos disociativos incluyen PCP, ketamina, dextrometorfano, ibogaína y salvia. Se les llama alucinógenos disociativos porque además de causar alucinaciones, también pueden causar una experiencia de distanciamiento del propio cuerpo y de la realidad llamada disociación.

Uso histórico de los alucinógenos

Históricamente, los alucinógenos han tenido una amplia variedad de usos. Algunos, de origen natural como la mescalina, la psilocibina, la ibogaína y el DMT, se consideraban fuentes de poder místico, se obtenían de las plantas y se han usado en ritos y ceremonias religiosas en diferentes pueblos y sociedades a lo largo de miles de años.

Sin embargo, desde principios de 1900, algunos alucinógenos se comenzaron a utilizar con fines médicos: el PCP y la ketamina se desarrollaron como anestésicos, el dextrometorfano como supresor de la tos y el LSD se utilizó para tratar la ansiedad y la depresión.

A pesar de sus honorables orígenes, el consumo de los alucinógenos conlleva la pesada carga del estigma social. La mayoría de los ensayos originales realizados con LSD y PCP no estaban bien controlados, por lo que no se consideraron científicamente sólidos. Más tarde, los alucinógenos fueron la clase de medicación preferida para aquellos con condiciones estigmatizadas y poco comprendidas, como el trastorno de estrés postraumático, el abuso de sustancias, la esquizofrenia y otras psicosis.

Para incrementar aún más su imagen negativa, todos fueron clasificados como sustancias controladas de la Lista I (C-I) médicamente inaceptables por la Ley de Sustancias Controladas de EE. UU. de 1970, que imponía fuertes sanciones legales y financieras a cualquier persona que fuera sorprendida usándolos. Otros países pronto siguieron su ejemplo.

Otras sustancias controladas de la Lista I incluyen heroína, marihuana y crack. Entre las consecuencias legales y la reacción política, parecería que la sociedad hubiera agrupado todas estas sustancias, etiquetándolas como ‘enemigas’ en la guerra contra las drogas.

Sin embargo, la mayoría de estas sustancias se han utilizado para tratar trastornos y enfermedades de salud mental, que conllevan un estigma propio.

Sumado esto a la actitud anti convencionalista y rebelde de los consumidores recreativos que experimentaron con muchas de estas drogas, es fácil entender las percepciones abrumadoramente negativas en torno al uso ilegal de las drogas alucinógenas.

Uso clínico de los alucinógenos en tratamientos

Lamentablemente, el estigma social y político que rodea a los alucinógenos tiene un coste: se han perdido oportunidades de investigación y desarrollo de tratamientos. Fueron los estudios iniciales del LSD los que ofrecieron un nuevo entendimiento de la psicosis, así como el papel que pueden desempeñar los alucinógenos en la medicina moderna.

Si bien esos primeros ensayos clínicos con psicodélicos tenían sus deficiencias, también abrieron la puerta a una mejor comprensión de cómo funcionan tanto los medicamentos como los neurotransmisores humanos. Ahora se entiende que los alucinógenos interactúan e imitan a tres de las principales sustancias químicas del cerebro responsables de múltiples funciones, desde el estado de ánimo y las emociones, hasta la memoria y las relaciones: la serotonina, el glutamato y la dopamina.

Por ejemplo, la psilocibina ahora se está estudiando con éxito como tratamiento para el trastorno depresivo mayor, la depresión resistente al tratamiento y la ansiedad en diferentes situaciones. También se ha mostrado que el LSD y la ketamina pueden ser útiles en el tratamiento de la ansiedad, la depresión, el PTSD y la adicción. La ibogaína no solo muestra éxito en el tratamiento de la depresión y la ansiedad, sino también con problemas de autocontrol, trastorno por consumo de opiáceos y abstinencia de opiáceos.

Aún más fascinante es el hecho de que los efectos de los productos farmacéuticos tradicionales desaparecen, por lo general, poco después de suspender la terapia, pero la psilocibina, la ketamina, la ibogaína y el LSD muestran efectos beneficiosos prolongados, de semanas a años, en algunos casos.

Posibles riesgos del consumo de alucinógenos

Por otro lado, a pesar de que se ha realizado una considerable cantidad de investigaciones sobre su seguridad, la naturaleza incontrolada del uso recreativo de cualquiera de estas sustancias conlleva riesgos significativos. La Tabla 1 a continuación muestra las formas típicas en que cada alucinógeno se consume.

Se ha de incidir en que el esnifar, inyectar, inhalar y absorber a través de la boca generalmente produce efectos más rápidos, pero también dificulta el control de la dosis.

Incluso en dosis normales, una persona puede experimentar un aumento de la tasa cardíaca, aumento de la presión arterial, respiración más rápida, aumento de la temperatura corporal, náuseas, vómitos, sudoración excesiva, falta de coordinación, pánico y paranoia. Las dosis más altas o el consumo continuado pueden causar sed excesiva, entumecimiento, pérdida de memoria, parálisis temporal, convulsiones, paro cardíaco e incluso la muerte.

Forma de consumo DMT LSD Peyote Psilocibina DXM Ketamina PCP Salvia
Ingestión en forma de comprimidos o capsulas. X X X X
Ingestión líquida X X X X
Consumo crudo o seco X X X
Preparado de té X X X X
Esnifado X X
Inyectado  X X
Inhalado, vaporizado o fumado X X X
Absorbido a través de la boca con trozos de papel empapados de droga X

Tabla 1. Fuente: NIDA. Alucinógenos DrugFacts. Sitio web del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas. https://www.drugabuse.gov/publications/drugfacts/hallucinogens. 22 de abril de 2019

Es importante recordar que incluso en dosis normales, cualquiera de estas drogas puede representar un peligro vital en determinadas condiciones, aunque se están realizando investigaciones para determinar las formas más seguras y beneficiosas de usar alucinógenos.

Aun así, a pesar de una historia complicada, los psicodélicos tienen un futuro terapéutico prometedor.

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4 comentarios

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    1. Hola, Patri22
      Sí, efectivamente, hay importantes trabajos que se han realizado en este ámbito que merece la pena difundir.
      Un saludo

  1. Me parece muy arriesgado, creo que no me la jugaría y seguiría prefiriendo un tratamiento tradicional y controlado.

    1. Hola, KrlosV
      Muchas gracias por tu participación en este espacio, es interesante conocer diferentes puntos de vista.
      Un saludo